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CALLE DE LA BEMBA E´ TRUENO #UnEscritoSalvaje y mío


Mi nombre es la Bemba e´ Trueno. Mi mamá diría que en realidad me llamo María Guadalupe Gamboa Abdala, y que ella me bautizó así por su devoción infinita a la Virgen de Guadalupe. Bemba e´ Trueno me llaman desde el día en que a los 7 años le pegué a uno de los niños de la cuadra por no dejarme jugar un partido de bate con tapita, cuando su mamá salió a preguntar por la gritería, el niño me señaló diciendo “la Bemba e´ Trueno esa me clavó”.


No recuerdo quién fue el siguiente en llamarme de esa manera, pero cada vez que paso por la callecita polvorienta en la que crecí, recuerdo como me hervía la sangre en medio del calor inmarcesible de un medio día cuando escuché por primera vez que me decían así. Recuerdo que cuando le conté a mi madre su descontento fue peor que el mío, porque blanca y descendiente de unos libaneses que habían llegado a Lorica y al Urabá Antioqueño, se había casado con un negro de familia chocoana que me legaron su gran y espectacular boca.


Mi boca adornaba el filo de mis huesos, de mi mandíbula y clavícula prominentes, de mi nariz y cejas bien marcadas, no podía negar desde ningún perfil la sangre que corre por mis venas y la que es característica de los hijos de tantos que habitan esta ciudad. Mi boca grande y carnosa me dejaba mostrar desde niña la blancura de mis dientes, y además venía acompañada de un hilo grueso de voz que salía desde mis entrañas.


Cuando me volví una adolescente y nos quedábamos hasta tarde en la calle, calentando cada bordillo y esquina de mi barrio viejo, mis amigos siempre me decían que bajara la voz y que me tapara la boca cada vez que me reía, porque con cada carcajada estremecía el silencio sepulcral de la noche y nos pasaban echando de donde estuviéramos, porque hacíamos bulla, y la verdad es que la voz y la risa que más resaltaban eran la mía.


Mi barrio era un lugar extraño, lleno de callecitas estrechas donde nada más pasaban las carretillas llenas de frutas, duró sin pavimento mucho tiempo, y a pesar de no tener carros que pasaran por los frentes de las casas, estas se llenaban de polvo como si viviéramos en un desierto, a veces hasta en las neveras se encontraba el polverín.


Cuando decidimos recoger plata para pavimentar las calles y señalizar el barrio, hicimos de todo tipo de actividades, entre esas un reinado en donde me coronaron como la reina, la noticia que salió en el periódico local de la ciudad fue titulada “Bemba e´ Trueno le regala el pavimento a su barrio”. Efectivamente, los recursos llegaron y tuvimos pavimento, cuando señalizaron mi calle el nombre que acompañaba la nomenclatura no podía ser otro que “Calle de la Bemba e´ Trueno”.

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La Calle de la Bemba e´trueno tiene un podcast, y hay un video en mi Instagram TV (@angierhodas) del día en que hice la grabación para #CulturaEnCursiva de #UdecRadioAlDía.

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Angélica Villalba Eljach
y me dije a mi misma: lee, pero tienes que escribir...