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Conociendo a La Patrona- una historia de la bemba e´trueno

Actualizado: 12 de nov de 2018


La devoción infinita de mi madre por la Virgen de Guadalupe es la razón por la que antes les dije que cargo mi nombre. El de pila, no el de la calle con el que todos vacilan sin parar cada vez que me ven pasar.


El sueño de mi madre toda la vida fue viajar y ver a su patroncita, grupos de oración y romería terminaron por convencerla de que allá tenía que ir a parar más pronto que tarde.


¿Pero mi mamá plata de donde pa’ hacer ese viaje? Si el sueldo de vendedora de telas no da para tanto, pues para eso tuvo una hija así como yo, trabajé día y noche durante 2 años para ahorrar y que juntas pudiéramos hacer ese viaje, sabía que aguantaría las misas que no he hecho en toda mi vida adulta, que mi madre no se desprendería de mí ni un minuto porque es bien nerviosa y que me sofocaría hasta el cansancio, pero así lo haría porque no nos digamos mentiras: esa fue la que me pario.


A Ciudad de México llegamos en medio de un aguacero que nos tenía confundidas, de hecho, no dejo de llover en todo el viaje, de todas las opciones que teníamos a la mano para hacer, conocer, visitar, mejor dicho, para turistear, mi mamá solo quería rezar, fuimos como 5 veces a la Catedral y cada vez que íbamos, ella rezaba de rodillas en una capillita diferente, ofreciendo velas a de cuanto santo iba conociendo.


En la puerta de la Catedral vimos una escultura hecha de llaves recicladas en honor de Juan Pablo II, desde que volvimos a Colombia su nueva distracción es guardar las llaves que se va encontrando y pide a sus amistades, conserva la esperanza de que aquí hagamos lo mismo con la figura de alguna monja o del mismo Papa Francisco. No discutiré con ella el tema, que siga recogiendo llaves. Ya yo le di todas las llaves sin uso que me encontré.



Todo el respaldo de la escultura son llaves


Les cuento que cuando íbamos para la Basílica de La Patrona, como le dice mi madre a la Virgen de Guadalupe, estaba aturdida, no entendía porque teníamos que llegar antes a la Plaza de las Tres Culturas, si ahí no quedan ninguna de las tres iglesias que ella tenía pensado visitar ese día. La ansiedad la consumió hasta que el guía del tour le explico que en ese lugar, el indígena Juan Diego y el Obispo Juan de Zumárraga habían empezado todo el cuento de cuando la Virgen se manifestó con sus rosas al indígena.


Cuando ya llegamos al lugar en donde reposa la patrona subimos un cerrito y rezamos un rosario, luego entramos a otra iglesia que se está cayendo e hicimos lo que correspondía a un novenario, por último, entramos en un lugar muy moderno, a la Basílica donde actualmente reposa la imagen que se le apareció al indígena Juan Diego en su ropa, la imagen de la mismísima dueña de mí nombre.


Mi madre, la vieja Hana, se montó tantas veces hasta que le dio vergüenza en las plataformas eléctricas que van de un lado a otro para que uno admire la imagen original de la virgen. En ese lugar compramos rosarios para traer de regalos y los mandamos a bendecir, el cura me roció con agua bendita como si de eso dependiera su vida, me dejo la ropa y la cara lavada, literalmente.


También escribimos en pedazos de papel los deseos que queríamos que la virgen nos cumpliera, llegué a sentirme como cuando era niña y me mandaban a escribir la carta para el niño dios. Lo cierto es que cuando me toco escribir en mi papelito solo atine a decir a la patroncita “que me disculpara, que seguro ella nunca imagino que esta mujer de boca gigante y arbitraría iría por el mundo cargando su nombre sin acordarse de ella”, firme ese papelito con mi nombre completo y sin sobrenombres... María Guadalupe Gamboa Abdala.


De este viaje a Ciudad de México les tengo otro cuento, de esos que me pasan cuando recorro cuesta abajo las calles que voy conociendo, allí apareceré sin la vieja Hana, que se quedaba desde la tarde descansado y boleando camándula como si lo rezado durante el día no le bastara. Por ahora les adelanto que en Ciudad de México, hay otra calle de la Bemba e´Trueno.

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Angélica Villalba Eljach
y me dije a mi misma: lee, pero tienes que escribir...